Sala de espera


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Hace frio, si; pero acá adentro hace muchísimo calor. Sin embargo, la culpa no es solo exclusiva de los exagerados grados celsius que “setean” los empelados del lugar.

Los nenes revolotean y lloran, lógicamente, aburridísimos por el obligado “aguante” que le tienen que hacer a sus padres y/o abuelos (estamos en vacaciones de invierno, les recuerdo).

Mi primer pensamiento al poner el primer pie sobre la antesala a la, justamente, sala de espera, fue “ni en pedo”, aunque peor fue la sensación cuando retire el numero para ser atendido (69 contra los 52 que iban).

Ansioso y orgulloso como pocos, decidí aceptar las reglas del juego para poder finalmente exponer mi torso a la radiografía. Para hacer más placentera la espera, quise innovar: omití los jueguitos y las redes sociales del celu para darle otro uso (queda a las claras que fue lo que terminé haciendo).

Nada distaba del ambiente de la clásica guardia: rostros de dolor, rostros con cara larga (haciendo el juego con el de las recepcionistas), rostros preocupados y rostros con cara de nada. Además de los ya mencionados infantes, tampoco faltó aquel que habla a los gritos por teléfono: nunca supe su nombre, pero sí que se iba a quedar en Buenos Aires hasta el viernes porque se tiene que hacer unos estudios y visitar al dentista el jueves, pero que el miércoles iba a estar “free”, según le hizo saber a “Caro”.

Me siento un rapero, que más les puedo decir. Improvisando palabra por palabra; hilvanando pensamientos que se me vienen a la cabeza mientras sigo esperando. Seguramente estas líneas resulten una pelotudez. Sin embargo son puras. Nada de lo escrito aquí fue deliberado.

Nuevamente pasa una gordita con un trapeador en mano como por cuarta o quinta vez. Aparece y desaparece siempre en el mismo orden en el que lo hace, pero lo curioso es que siempre lo hace con el secador y el trapo en la mano (tipo un Patricio haciendo guardia de honor). Miro a mi izquierda y la máquina de café luce inmaculada; casi sin usar diría. ¿Será por el precio o porque solo funciona a monedas? ¿O por ambas cosas? No lo se. Me da fiaca levantarme solo para chequear eso (seguramente una profe que tuve cuando cursaba periodismo me hubiese bochado por no hacer eso, ya que siempre insistía con que los mínimos detalles hacían la diferencia a la hora de escribir).

En la fila de sillas del otro lado de la sala hay una viejita. Literalmente se cae a pedazos pobrecita. Tiene un bastón y sigue abrigadísima, a pesar del calor cubano que hace acá adentro. ¿Me pregunto que la traerá por acá? Obviamente se viene a hacer una placa, pero… ¿de que?

Chau, me llaman por fin.

Nota del autor: Ahora desde la PC de escritorio, solo fueron agregados los acentos. Me mandé por mail el texto escrito desde el celu (con la captura de pantalla, como habrán visto arriba) para subirlo a la página.

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