Revolución “negro amarela”


La semana pasada, comentando “mi estado” de Facebook con la novia de un amigo, surgió de manera impensada un tema no menor que tanto usuarios frecuentes como ocasionales de taxi deben haber advertido en algún momento que viajaron: ¿Qué pasó con la AM en sus estéreos?

Antes que nada, pasó a transcribirles (para que vean lo causal del acto) como se originó esta cuestión de los taxis: El 17 de mayo a las 18.30 hs, escribí en la barra de ¿“Qué estás pensando”? de Facebook: “Escuchando Jesus cristo versión cumbia adentro de un tacho. Si señor!” A lo que Aye, novia de mi queridísimo amigo Ema, comentó: “Yo viaje en un taxi que escuchaba Adele y se sabía todas las canciones jajajaj”. Entonces le respondo: “Algp esta cambiando adentro de los taxis. Ojo…” (NdR: copié tal cual con el error de ortografía la palabra “algo”). Luego, la réplica de Aye: “Claramente.. uno se sube con la sensación de que va a escuchar el flash informativo de Radio 10 y su “papa-pa-pa-paaaaa” Jajajaja y no! Sorprenden..” Entonces, y ya un poco más reflexivo, le contesto: “Me diste algo en lo que pensar seriamente…” Por último Aye, muy acertadamente, cerró nuestro intercambio de opiniones con: “Te di material para la botica loca jajajaja”. Y si, cuanta razón tuviste…

Es que tenemos una revolución “negro amarela” frente a nuestras narices y poco sabemos o comentamos al respecto. Para bien o para mal, cada uno de ustedes lo juzgará. Pero antes de hacer eso, por favor presten mucha atención a los detalles de esta transformación “taximetrera”: ya están casi extinguidos los peluches sobre el panel delantero del auto; la palanca de cambios con felpa, los daditos con fotos de hijos o nietos colgados en el espejo retrovisor o, en su defecto, pegadas en el parasol; el olor a Poett en el interior del vehículo, la franela naranja sobre la falda del taxista, el cenicero de Duna colgado en el apoyacabezas del acompañante; el cubreasiento con bolitas de madera que hacía las veces de masajeador para el conductor y el olor a tabaco negro de los cigarrillos parisien con el que nos encontrábamos por las noches si el conductor tenía más de sesenta años. Pero lo que más se extraña (ojo, todavía quedan algunos pocos pero dejaron de ser mayoría) es el dial puesto en los noticieros de la AM o, según la hora del día, sobre la FM 92.7 “La 2×4”. Aunque también peleaba palmo a palmo con la de los tangos, la ya mudada “Amadeus”, ex 103.7, conocida por ser la que pasaba “los clásicos de los clásicos”. Fíjense que paradójico, que el dial de “Amadeus”, hoy es ocupado por “Radio TKM”, dirigida a la audiencia joven que goza de los acordes del reggaetón y la salsa.

Y justamente a eso quería llegar: las transformaciones. Llámenlas culturales, por inercia, por el tiempo o como quieran.

Hoy en día, si repasamos como se compone el interior de un taxi, notaremos grandes diferencias a lo descrito más arriba. En primer lugar, la estética y la tecnología son las cabezas de lanzas en esto que osé llamar “revolución negro amarela”: las unidades, más allá de su modelo y año de fabricación, cuentan con accesorios que hasta hace unos años eran impensados encontrarlos allí. El GPS, por ejemplo, reemplazó a las fotitos colgadas en el espejo retrovisor, por los mapas que son narrados por la voz de una gallega que hasta alcahuetea los radares fotográficos. Los estéreos, que son imponentes y destellan luces desde todos sus botones, están acompañados por poderosos parlantes que acentúan a una gravedad extrema los agudos alaridos de la cantante mexicana Thalía. Por otra parte, en lugar del cenicero del Duna colgado en el apoyacabezas del acompañante delantero, ahora nos encontramos, de tanto en tanto, con monitores de siete pulgadas que nos inundan de publicidades y hasta de trailers de películas (cuando me tocó uno, admito que fui todo el viaje con la boca abierta pero no por hablar, sino porque no creía lo que tenía delante de mí. Hasta dudé si estaba en Buenos Aires…).

Además, ya es casi habitual que por las noches veamos dos lucecitas azules acompañando el cartelito rojo de “Libre”: son los sapitos de agua del capó que complementan las luces LED que muchos de los taxis tienen en su interior, como trabas, perillas, tablero, etc, etc. En lo que a olores respecta, cuando hablamos de los buenos (como en el caso del Poett que antes se usaba para sacarle brillo al interior del auto), ahora predominan el del “chicle globo”, “tutti fruti” o “cereza”, de las fórmulas “concentradas”que les ponen en los lava autos (interior envaselinado y todo, que da la sensación de que están mojadas las alfombritas de goma de atrás y también todo el habitáculo del taxista).

Pero el dial de la radio, sin lugar a dudas, fue la primera pieza del dominó que dio lugar a toda esta cuestión de los taxis. Fue, quizás, lo que me insinuó que las cosas ya no eran como antes. Que así como todo cumple un ciclo, el de la imagen de aquellos taxis y sus conductores también lo estaban haciendo (vuelvo a repetir como en el principio de este relato, que cada uno juzgue si para bien o para mal). Escuchar, entre otras, las voces de Roberto Pettinato, Ari Paluch, Daddy Brieva, Victoria Vanucci y Nazarena Vélez en el dial de los estéreos de los taxis (prácticamente a todo lo que dan), así como también las estrofas que suenan desde radios como TKM, POP, o las de “punchi-punchi”, me hicieron decir; ¿whait a minute?; ¿qué onda? Y si… ¿Qué onda? Ese fue el momento justo del famoso “click”. El que hizo que me detuviera sobre este tema para analizarlo.

Por tanto y para finalizar, me tomo el atrevimiento de aconsejarlos: que estas cuestiones no hagan que dudemos en subir a los taxis al momento de abordarlos, sino todo lo contrario. Los invito a que agudicen los sentidos y disfruten de cada particularidad con la que se está gestando esta revolución “negro amarela”. Esa tarde de viernes que sonaba “Jesús Cristo” interpretado por Gilda dentro del Corsa Wagon (que era conducido por un hombre sesentón y de bigote blanco), fue genial. Y eso que no escucho cumbia para nada. No obstante, aventuré a romper el hielo con un “¡Que tema ehhh. Cantado por Gilda es otra cosa!”. “¿Viste pibe?”, me respondió. Y ahí empezó la charla que derivó en el viaje de Cristina a Angola.

Fue, además, otro signo de que ya no necesitaba del clima o del tránsito para poder entablar una conversación. Pequeño y, a su vez, enorme detalle de que algo está cambiando adentro de este medio de transporte. Más aun, si se tiene en cuenta que el conductor mencionado ostentaba más un perfil de oyente de “La 2×4” o de “Amadeus”, que el de alguien que pone un CD de mp3 con los grandes éxitos de Gilda. 

2 comentarios

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2 Respuestas a “Revolución “negro amarela”

  1. Jajajaja genial nota! Comentario anexo: al bajar del taxi, le agradecí por empezar mi mañana con Adele en vez de las fastuosas noticias de am. A agudizar sentidos a la hora de subirse al taxi!

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