Nada; eso…


Vuelvo a hacer uso de una parte de nuestro cuerpo que mencioné en el escrito anterior para graficar una sensación que vengo percibiendo en el ambiente por estos días.

No se si será por el calor, la lluvia, la mezcla de ambas cosas en un solo día; que estamos empezando el año, la vuelta de las vacaciones, la tragedia del tren Sarmiento en la estación de Once, el dólar, los piquetes, la inflación, el tránsito, viajar apretadísimos, la falta de tarjetas SUBE, los chorros, la gotita de agua que cae de los aires acondicionados y se estrella contra nuestras cabezas mientras caminamos por la vereda; los limpiavidrios, no tener auto propio, el trabajo, las chicas, una mala noche, un pésimo comienzo de día, el cansancio, algo que cayó mal al estómago y provocó vómitos y diarrea; no tener plata para pagar las entradas de Roger Waters o Foo Fighters o, lo que es peor, tenerla y no conseguirlas. En fin, podrían ser muchos los motivos para portar “cara de culo” y “desde el vamos” incurriría en mentiras si quisiera ponerle un punto final a esta interminable lista.

¿Por qué será? Sinceramente no lo se, ni tampoco creo que alguien lo sepa, salvo que se indague caso por caso para descubrirlo. Entonces… ¿por qué planteo un tema del que no tengo ni remotamente la respuesta y del que descarto que otro la pueda proporcionar? Es jodido de contestar, pienso. Aunque mejor no me arriesgo y te lo digo de una vez: tampoco lo se… ¿Entonces? Entonces, nada; eso (ahora entiendo el uso y abuso del “nada” que le endilgaban a las modelos blondas. Ese “nada” echa por tierra el “no sé, que querés que te diga”).

En todo caso, ensayaré una respuesta pero más relacionada a una expresión de deseo que a una explicación científica: son múltiples las personalidades que podemos hallar de aquellos que nos rodean y, por consecuente, esa variable es aplicable a todas las “caras de culo” que podremos visualizar durante la jornada. Así de sencillo.

Confieso que me preocupó estar rodeado de “esas caras” durante estos últimos días y en definitiva, ello fue lo que me originó a tender un cable a tierra. Ergo: plasmarlo en texto. ¿Andaré mal que no porto “cara de culo” o el resto lo estará? En cualquiera de los dos casos, perdía por mayoría y eso era lo que realmente me tenía a maltraer: “perder por mayoría”. Pero no, ahora me doy cuenta que no perdí, sino todo lo contrario; que “golee”.

Promediando el final de este post, nota, paparruchadas o como la quieran llamar, me fui dando cuenta que mucho de lo nombrado en el primer párrafo, que lo padezco tanto o más que ustedes, no lograron doblegar mi rostro. Ahora me doy cuenta también, que estas ultimas semanas no estuve con “cara de culo”. No se si llevaba una sonrisa d oreja a oreja (nadie me lo hizo notar), pero ahora puedo confirmar fehacientemente que estuve impune a la realidad o, mejor dicho, a la cotidianeidad.

Que lindo es darse cuenta cuando los humores nos favorecen. Cuando pese a todo, ignoramos vestir de traste nuestras caras, más allá de que la maldita realidad nos respire en la nuca hasta dentro de la cama. Que lindo es darse cuenta cuando no estás con “cara de culo”.

¡Hoy me pasó!

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