Tecnología “en punta”



Recientemente, creo haberme dado cuenta de que el futuro ha llegado; que está entre nosotros. Pero atención: no he descubierto esta particularidad por medio de un dispositivo tecnológico, precisamente, sino por el uso que le asigné a un momento que ocurre todos los días de mi vida y con el que nunca soñé, siquiera, que me acompañaría a través de “esa puerta”.

Desde ya, mi querido lector o lectora (está de moda hacer alusión siempre a los dos géneros) que no me estoy refiriendo a las invenciones de las tabletas electrónicas, los televisores multimedia (o Smart TV), los autos de alta gama con dos millones de botones y luces en sus paneles, las consolas que permiten jugar sin joysticks, el Bluetooth, WIFI, internet, las pantallas táctiles, el 3D en el cine o en casa y miles y miles de etcéteras. No, nada de eso. Al contrario, entiendo que es parte de la evolución humana y hasta no me sorprende lo que en teoría debería de sorprenderme porque se muy en mi interior que esa sensación va a quedar obsoleta debido a que al día, mes o año siguiente, aparecerá algo mucho mejor y novedoso.

En resumen, así como de buenas a primeras los ciudadanos promedio (me incluyo) no registramos cuando los automóviles pasaron de la bujía a la inyección electrónica; de la manivela al botoncito alzacristales, o en el rubro hogareño del turbo al Split; de la tele al plasma y del Atari al Playstation 3, vuelvo a repetir, entre miles y miles de etcéteras, que los que les contaré a continuación fue el catalizador, o mejor dicho, el famoso “click”.

Tiempo atrás (no recuerdo precisamente la fecha), el acto de ir al baño requería obligatoriamente de material de lectura. En un principio, bastaba con lo que allí adentro contábamos: el shampoo, la crema de enjuague, el dentífrico y el aromatizador de ambientes. No obstante, los números telefónicos por intoxicaciones tanto en Argentina, como en Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay, como así también los centros de distribución y sus composiciones químicas, comenzaron a ser un tanto reiterativos. Luego, claro está, fue surgiendo otro tipo de alternativa didáctica como el diario, los libros (eso si no era muy frecuentemente puesto que eran muy incómodos para manipular), las expensas, revistas “del corazón”, resúmenes de tarjeta de crédito, el “librito” de los cd de música, la revista del cable, o hasta incluso los menúes de las pizzerías o deliverys. En definitiva, todo aquello que estuviera al alcance de la mano dentro del hogar servía para hacer amena la evacuación biológica.

Sin embargo, comencé a notar que nada de lo enumerado anteriormente me seguía acompañando en esa cruzada y que sí, mi teléfono celular, se había convertido en condición sine qua nón para entrar al baño. Seguramente hoy en día hacer uso de el mismo satisfaga mi necesidad de lectura, ya sea entrando a una página web o hasta incluso, permitiéndome interactuar con otras personas a través de las redes sociales. Sin mencionar, además, la posibilidad de jugar a jugos como el Tetris, Snake o el Arkanoid.

Ahora bien, me dirás, “la tecnología hizo su trabajo y vos seguiste el camino lógico en cuanto a su uso, como bien ejemplificaste con el auto, el Split y la Play 3”. Si claro y tenes toda la razón, te contestaría. Pero mi intención no era hacer hincapié en la evolución de la tecnología, sino en la de las costumbres. Esas con las que silenciosamente (en este caso en particular, la de “hacer caca”), cumplíamos y con las que en cierta forma intentamos seguir cumpliendo, aunque sea, con un celular en la mano.

Desde ya, seguramente habrá quienes tiren por la borda estas líneas porque consideren la incursión de ir al baño como un “touch and go” o como un mero trámite. Pero créanme que son pocos.

Hecha esa salvedad, me pregunto ahora con que entraré  en un futuro al baño: ¿Con lentes inteligentes?, ¿Holograma en el reloj?, ¿Pantalla táctil en el espejo?, o vaya a saber con qué.

Para finalizar, consideré que sería confuso aclarar el significado del título al principio de este escrito o que quedaría mal hacerlo ya que no vendría a colación. Me imagino, ahora, que lo habrán entendido. Para los que no y como soy bueno, solo les daré una pista: así como cuando llueve copiosamente se reemplaza a la lluvia por “eso” en punta…

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