A mi la lluvia…


Y si, llueve… Es parte de las reglas de la naturaleza; la vida, o vaya a saber uno cuantas otras cosas más. En el cine hollywoodense suelen apelar a este suceso (generalmente) para graficar dos extremos: amor y caos. ¿Quién no recuerda a Tom Hanks y a Helen Hunt en la escena final de “El Náufrago” (o “Cast Away”) besándose apasionadamente bajo la intensa lluvia? En el otro extremo podemos citar, por ejemplo, a Neo y al agente Smith en “Matrix Revolution”, luchando violenta e incansablemente mientras son observados por un ejército de clones. Toda esta escena, claro, con una tormenta de características bíblicas inundando y generando destrucción en torno a esa pelea.

La Ciudad de Buenos Aires, en cambio, podría ser situada en una zona gris entre estos extremos que planteaba al principio (para los olvidadizos, me refiero al amor y al caos): Resulta placentero ver a través de una ventana (y si se está abrazado a una taza de café, mejor) como se mojan los edificios y como las calles van tomando color con el desfile de paraguas de los transeúntes. También, la lluvia suele despertar el apetito sexual de mujeres y hombres que escudados bajo la famosísima frase del utensilio, actualizan “inocentemente” sus estados de Facebook, MSN, PIN, o Twitter: “Lindo día para cucharita”, “Cucharita´s day”, “¿Quién quiere hacer cucharita?” y demás derivados.

Hasta aquí el amor. Ahora el odio…

Resulta lindo, hermoso o demás adjetivo bonito (como decía), ver el desfile de paraguas desde una ventana. Pero la realidad es otra al momento de tener que transitarla en horario laboral, con prendas de vestir laboral y durante la jornada laboral. Esto quiere decir: a las apuradas, con ropa que no deberías manchar y con ocho horas a cuestas (aunque no en todos los casos) con la indumentaria y los pies mojados. Si se le agrega, además, el egoísmo de aquellos que portan esos bonitos paraguas o hasta incluso y sin caer en exageraciones, sombrillas, que tan coloridas se veían desde la ventana, la caminata bajo la lluvia provoca que uno no quiera cantar como lo hacían Donald O’Connor, Gene Kelly y Debbie Reynolds en la película del ´52, sino todo lo contrario: tirar toda clase de improperios. Ergo, ¡putear!

No se explica la falta de solidaridad para con los que nos olvidamos (o no tenemos) paraguas. ¿Es necesario que el que lo tenga, circule a mucha honra bajo los pocos techitos o esquinas que nos sirven de “postas” para mojarnos “lo menos posible”? Incluso, por más que la suerte esté echada y ya no quede parte del cuerpo seca, estos techitos o “postas” nos ayudan a sentirnos menos empapados psicológicamente. Las veces que tuve el tupé (y sí, a estas alturas y dadas las circunstancias debo decirlo así) de llevar uno conmigo, era casi un hecho que debía ir haciendo una suerte de “pan y queso” por el cordón de la vereda para no obstruir el paso de los “espalda mojada”. En definitiva, molestar lo menos posible en su afán por “no mojarse”.

Párrafo aparte merecen las veredas (más justo imposible. Empezó el “párrafo aparte” hace algunos caracteres..). En la Ciudad de Buenos Aires también se pude decir que llueve de “abajo hacia arriba”. ¿Qué?, dirás… Claro, no nos olvidemos de las baldosas movedizas que a falta de revoque, expulsan todo su mugriento líquido en ocasiones de lluvia. Eso si, más allá de tener o no paraguas, todos coincidimos en ese día con el motivo “animal print”o bien con una obra de Jackson Pollock: zapatos y pantalones veteados con puntitos marrones.

En fin, promediando el final de este escrito, ahora no estoy tan convencido de la hipótesis de la “zona gris” para la Ciudad de Buenos Aires. Quizás los últimos párrafos (más largos y negativos) hicieron que pusiera en duda mi teoría. De hecho, en este mismo momento todo se me está empezando a plantear al revés: a través de la ventana veo como el cielo se está poniendo más y más gris. Hasta aquí perfecto estando puertas adentro pero no. En un rato estoy obligado a salir si o si y por supuesto no tengo paraguas (quedó herido de muerte por culpa de una tormenta). Por ello, chau, hasta la próxima.

Eso si, salgo, no sin antes actualizar mi estado en las redes sociales…

4 comentarios

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4 Respuestas a “A mi la lluvia…

  1. Chany

    Muy buen relato Julián ! Cualquier humano puede encontrarse en tu texto. Yo soy de las que le gusta observar paraguas, quizás no tanto por su colorido, sino porque descubro que la mayoría está averiado, con varillas colgando sin tela, medios torcidos y obviamente, no faltan los que se dan vuelta por el viento. Es un ejercicio que hago a menudo.
    Buen debut y mejor augurio para esta creación !

  2. Lo que a mi me sorprende de los paraguas es ver que colores elige la gente.. Gran parte son negros o grises. De vez en cuando encontras un “aventurero” usando uno multicolor, el tipico paraguas transparente de 10pe, los paraguas estampados de las señoras. Muy entretenido!

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